top of page
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
  • YouTube
Buscar

Unas erecciones muy fuertes

Ella no lo toca. Ni siquiera lo tiene enfrente. Y aun así, lo imagina (ese chico tiene unas erecciones muy potentes y esa firmeza le prende).


Lo imagina con esa calma insolente de quien sabe que su cuerpo nunca falla. Un hombre que no se apaga, que no se disculpa, que no duda. En su fantasía, él la mira sin prisa, con una seguridad que no necesita palabras. No presume. Simplemente está listo, una y otra vez, como si el deseo no tuviera interrupciones.

A ella le excita esa certeza (esa dureza de su miembro latente). La idea de que no hay que esperar. De que no hay silencios incómodos. De que no existe el momento en que todo se detiene, es solo disfrutar de ese cálido juguete palpitante.

En su mente, cada encuentro la vuelve a encender. No importa cuántas veces. Él responde siempre, con la misma firmeza, con la misma intensidad. Como si el deseo creciera en lugar de agotarse. Como si su cuerpo entendiera el suyo mejor que nadie.

Ella se deja llevar por esa fantasía mientras se apoya en sus rodillas, porque ahí no hay vergüenza. No hay excusas. No hay fallos. Solo continuidad. Solo presencia. Solo un hombre que permanece erguido en su deseo, sosteniéndola con la mirada, haciéndole sentir que puede abandonarse sin miedo y mantener con firmeza sus habilidades como un animal.

No es solo lo físico lo que la enciende. Es la sensación de control. De constancia. De saber que él no desaparece cuando más lo necesita.

Y cuando la fantasía se disuelve, ella se queda con esa imagen grabada en la piel: un hombre que no se quiebra, que no se apaga, que vuelve una y otra vez, como si el deseo fuera infinito.

Eso es lo que la hace estremecer mientras recibe su gran carga viril en su interior.



 
 
 

Comentarios


bottom of page